Esta práctica es mencionada por
Buda en el Satipathana Sutra. Entraría dentro de las meditaciones sobre la Impermanencia,
la ayoidad y el Inter-ser. Si aprendes a ver tu cuerpo en su verdadera
naturaleza dejas de apegarte a él, y por lo tanta dejas de generar sufrimiento.
Si comprendes que tu cuerpo carece de un yo separado y eterno te liberas de la
falsa idea de un paraíso o de un castigo eterno. Y si comprendes que formas
parte del mundo y que no vives de forma aislada comprendes que tu cuerpo físico
está formado por los mismos elementos que los árboles, las rocas, otros
animales… que tu cuerpo físico vuelve a la tierra, y que tu conciencia se
transforma y se manifiesta en otros fenómenos.
Meditar sobre la Impermanencia y
el Inter-ser nos ayuda a ver nuestro cuerpo de continuidad, es decir, en lo que
nos transformaremos al “morir”. Lo pongo entre comillas porque desde el punto
de vista del budismo no hay un nacimiento y una muerte, en realidad lo que se plantea
es la trasformación o continuación de la energía, es decir, somos una continuación
de alguien. Somos nuestros padres, abuelos y ancestros. Hay un famoso dicho Zen
que dice lo siguiente: ¿Cuál era tu rostro antes de nacer? El inter-ser plantea
eso, que venimos de alguien, que somos la continuación de alguien.
Por otra parte la Impermanencia nos
ayuda a comprender que todo en el universo esta en continuo cambio. Que
absolutamente nada permanece inalterado y es eterno. Meditar sobre la Impermanencia
es aceptar los cambios y abrazarlos. Meditar sobre la Impermanencia es aceptar
nuestra propia muerte para no tener nunca más miedo de ella. Se nos ha enseñado
que la muerte es algo triste, oscuro, negativo, malo… En realidad es algo inevitable.
No tiene sentido sufrir y perdernos las maravillas de la vida por el miedo a la
muerte. Abraza todas las facetas de la vida.
A continuación os dejo el
fragmento del Sutra. Leerlo despacio, poco a poco.
1. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo
que lleva un día muerto, o dos días muerto, o tres días muerto, hinchado,
amoratado y putrefacto, tirado en el osario, aplica esta percepción a su propio
cuerpo de esta manera: "Es verdad que este cuerpo mío tiene también la
misma naturaleza, se volverá igual y no escapara a ello."
(Estribillo) Así vive contemplando el cuerpo
en el cuerpo internamente, o vive contemplando el cuerpo en el cuerpo externamente,
o vive contemplando el cuerpo en el cuerpo interna y externamente. Vive
contemplando los factores del origen del cuerpo, o vive contemplando los
factores de disolución del cuerpo, o vive contemplando los factores del origen
y la disolución del cuerpo. O tiene conciencia de que "hay un cuerpo"
en el grado necesario para el conocimiento y la atención, y vive independiente,
sin apegarse a nada en el mundo. Así es, como el monje vive contemplando el
cuerpo en el cuerpo.
2. Asimismo, cuando un monje ve un cuerpo tirado
en el osario, que este siendo devorado por los cuervos, los gavilanes, los
buitres, los perros, los chacales o por distintas clases de gusanos, aplica
esta percepción a su propio cuerpo de esta manera: "En verdad que también
mi cuerpo tiene la misma naturaleza, se volverá igual y no escapara a ello. (Estribillo)
3. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a un esqueleto unido tan solo por los
tendones, y con algo de carne y sangre adherido a él. (Estribillo)
4. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a un esqueleto unido tan solo por los
tendones, embadurnado en sangre y sin carne... (Estribillo)
5. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a un esqueleto sin carne y sin sangre,
unido tan solo por los tendones... (Estribillo)
6. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario y reducido a huesos sueltos esparcidos en todas las
direcciones: aquí los huesos de la mano, allí los de los pies, los huesos de
las espinillas, los de los muslos, la pelvis, las vértebras, el cráneo.
(Estribillo)
7. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a huesos blanqueados como una concha...
(Estribillo)
8. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a huesos de más de un año, amontonados...
(Estribillo)
9. Asimismo, monjes, como cuando un monje ve un
cuerpo tirado en el osario, reducido a huesos podridos, reducido a polvo,
entonces aplica esta percepción a su propio cuerpo de esta manera: "En
verdad que también mi cuerpo tiene la misma naturaleza, se volverá igual y no
escapara a ello" (Estribillo)
Práctica. Duración recomendada
30-35 min
La meditación sobre las Nueve
Contemplaciones de la descomposición de un cadáver es una meditación un poco
compleja. Para empezar toma una posición cómoda que te permita llegar a una
estabilidad meditativa. Toma conciencia de tu respiración y de tu centro, puede
ser la columna vertebral o la sensación de estar sentado en un cojín o una silla.
Toma conciencia de tu postura y el ritmo de tu respiración. Analiza los
elementos que hay en tu cuerpo. Eres agua, contienes minerales que son la
tierra, el aire que respiras y tu energía el fuego. Después realiza un pequeño
escaneo corporal de los pies a la cabeza, esto te permitirá llegar a una atención
sostenida del Cuerpo (Primer Satipathana la contemplación del Cuerpo en el
Cuerpo). Después de esto comienza a visualizar un cadáver en sus diferentes
estados de descomposición, si esto te resulta muy difícil puedes cambiar el cadáver por una flor o un árbol.
La idea es aplicar a tu cuerpo esa noción de cambio inevitable. El objetivo de
esta práctica a ayudarte a desapegarte de tu cuerpo, sensaciones y emociones
para acercarte al reino del Nirvana, para ayudarte a transformar tus miedos y
tu sufrimiento y ayudarte a vivir en el momento presente con total plenitud, alegría
y felicidad.

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