9. Al Inspirar soy
consciente de mi mente. Al Espirar soy consciente de mi mente.
En el noveno ejercicio se nos propone ir más allá. Ir más allá de las
sensaciones físicas que son un tipo de formación mental e ir a la fuente de
estas sensaciones. Ir a la mente misma y observarla directamente. Para esta
práctica quiero que te imagines que estás sentado debajo de un árbol, un arce
por ejemplo, y que es otoño. Visualiza bien las hojas marrones, algunas
ligeramente amarillentas, apenas quedan hojas verdes ya. Después para ir
completando la imagen tú estas sentado entre la orilla del rio y ese árbol,
escucha como corre el agua entre las piedras. Estas sentado, una suave brisa
corre y algunas hojas caen al rio y ves como el agua se las lleva. La mente es
como un rio y las hojas son las sensaciones físicas, los pensamientos, las
emociones… todo cuanto captas con tus sentidos y la mente son las hojas que
pasan ante ti por ese rio, y son lo que llamamos Dharmas (fenómenos).
¿Intentarías ir a coger las hojas? No, ¿verdad? Coger las hojas supone caer
presa de un recuerdo, de un pensamiento, de una fuerte emoción y ser arrastrado
de donde estas, que es el momento presente. Ser arrastrado por ejemplo al
pasado. El noveno ejercicio nos invita a permanecer contemplando la mente en la
mente. Este ejercicio es difícil, no te preocupes si te caes al rio varias
veces, es normal divagar y perderse en la mente, si eres principiante sostener
la atención es complicado, querer atrapar las hojas es muy tentador. Si te caes
al rio lo único que tienes que hacer es volver a tu respiración y volverás a la
orilla, debajo de ese precioso Arce Japonés.
10. Al Inspirar hago que
mi mente sea feliz. Al Espirar hago que mi mente sea feliz.
11. Al Inspirar
concentro la mente. Al Espirar concentro la mente.
12. Al Inspirar libero
la mente. Al Espiar libero la mente.
En el noveno ejercicio se nos propone ir más allá. Ir más allá de las
sensaciones físicas que son un tipo de formación mental e ir a la fuente de
estas sensaciones. Ir a la mente misma y observarla directamente. Para esta
práctica quiero que te imagines que estás sentado debajo de un árbol, un arce
por ejemplo, y que es otoño. Visualiza bien las hojas marrones, algunas
ligeramente amarillentas, apenas quedan hojas verdes ya. Después para ir
completando la imagen tú estas sentado entre la orilla del rio y ese árbol,
escucha como corre el agua entre las piedras. Estas sentado, una suave brisa
corre y algunas hojas caen al rio y ves como el agua se las lleva. La mente es
como un rio y las hojas son las sensaciones físicas, los pensamientos, las
emociones… todo cuanto captas con tus sentidos y la mente son las hojas que
pasan ante ti por ese rio, y son lo que llamamos Dharmas (fenómenos).
¿Intentarías ir a coger las hojas? No, ¿verdad? Coger las hojas supone caer
presa de un recuerdo, de un pensamiento, de una fuerte emoción y ser arrastrado
de donde estas, que es el momento presente. Ser arrastrado por ejemplo al
pasado. El noveno ejercicio nos invita a permanecer contemplando la mente en la
mente. Este ejercicio es difícil, no te preocupes si te caes al rio varias
veces, es normal divagar y perderse en la mente, si eres principiante sostener
la atención es complicado, querer atrapar las hojas es muy tentador. Si te caes
al rio lo único que tienes que hacer es volver a tu respiración y volverás a la
orilla, debajo de ese precioso Arce Japonés.
El décimo ejercicio nos invita a traer a la mente las formaciones
mentales sanas y también las que son insanas. Esto es importante, yo siempre
empiezo por las formaciones insanas antes de ir a la sanas. Que no experimentes
ira, rencor, celos u odio no significa que no tengas esa formación mental.
Todas las formaciones mentales yacen en la mente receptáculo que es como
llamamos los budistas al subconsciente, es donde se encuentra el almacén de las
semillas. El odio es una semilla, la ira es una semilla, el amor, la felicidad…
todo son semillas. Cuidar de las formaciones mentales insanas nos ayuda a
cuidar el alimento que reciben. Al inspirar soy consciente del odio que hay en
mí, al espiral abrazo, cuido y sonrío al odio que hay en mí. Cuido de mi odio,
lo reconozco, le pongo nombre, cara, lo etiqueto y cuido para que no se
manifieste. Etiquetar es un buen método para cuidar de las emociones o
pensamientos negativos y cuidar de que no se manifiesten. Muchas veces puede
que sintamos ira hacia una persona o una situación. Es posible que sin saber
cómo la ira haya crecido en nosotros hasta la mente consciente y estemos
irritados todo el día y tratemos a la gente mal. Hay personas muy iracundas. Son
personas que sufren mucho y no saben
cómo la semilla de su ira se ha estado alimentando hasta convertirse en un gran
árbol. Tenemos que ser conscientes del sufrimiento de esa persona y saber que
ella no es así por elección. Puede que se hayan dado ciertos factores para que
sea como es. La meditación fomenta la compasión. Primero por uno mismo y
después por los demás. No respondáis nunca a la ira con más ira. Es peligroso,
es como intentar apagar un fuego con otro fuego, puede salir mal y ambos
quedareis heridos.
En el método once, ahora que somos conscientes de todo lo que pasa por
nuestra mente se nos propone ir a un objeto más concreto. Las opciones son
muchas. Puedes poner toda tu atención en la respiración, en mi opinión es sin
duda es el objeto más fácil de seguir por qué se puede controlar y es bastante
constante. Otro objeto mental puede ser una sensación física. Se me tensa la
espalda en un punto muy concreto y me concentro en ese punto con todas mis
fuerzas para que la energía de la atención ayude a relajar esa tensión. Otro
objeto mental puede ser una emoción o pensamiento, en este caso nos llevaría a
investigar de donde viene ese pensamiento, la práctica de investigar objetos
mentales la dejo para más adelante ya que forma parte del “Segundo factor del
despertar” pero es común que durante la práctica se pueda percibir o intuir los
“Factores del Despertar” como una música de fondo en este nivel de práctica. Si
eres capaz de sostener la atención para llegar hasta estos ejercicios es que ya
tienes el Primer factor casi desarrollado que es el factor de la Atención. Puede
que al principio suene como inalcanzable cuando oyes por primera vez hablar de
los “Siete Factores del Despertar” pero en realidad son muy fáciles de
cultivar. Es si, aviso, una cosa es cultivarlos y otra alcanzar la iluminación
que alcanzo Buda. Desarrollar estos factores no es desarrollar la iluminación
pero si es ir en camino hacia ella. Ya que existe un cierto despertar que está
ligado a la meditación, ya que te hace más consciente y sensible de todo y eso
ya es cultivar la mente despierta aunque no la completamente despierta que es
un Buda.
El método doce nos lleva a la liberación de la mente. En este estado
entramos ya en una relativa calma lo cual hace propicio que las ataduras
mentales se puedan ir diluyendo y los nudos mentales puedan ser desenmarañados.
En este estado nuestra mente no es tan rígida, entra ya en un estado en el que
se vuelve cada vez más maleable. Y podamos abrirnos con más facilidad a la
verdadera naturaleza del Dharma, de la mente y contemplar el espejo de la
realidad.
13. Al Inspirar observo
la naturaleza impermanente de todos los Dharmas. Al Espirar observo la naturaleza impermanente de todos los Dharmas.
14. Al Inspirar observo
la desaparición del deseo. Al Espirar observo la desaparición del deseo.
15. Al Inspirar observo
la cesación. Al Espirar observo la cesación.
16. Al Inspirar observo
el desapego. Al Espirar observo el desapego.
Con el decimotercer ejercicio vamos a bucear por una de las enseñanzas
que más me gustan y más valoro en el Budismo. La Ley de la Impermanencia. La
Impermanencia forma parte de lo que se conoce como los “Sellos del Dharma” que ya
hablare de ellos en su momento. La Impermanencia aunque fácil es difícil de
aplicar y mucho más de aceptar. Si aceptamos la Impermanencia estamos aceptando
que en el universo no existe absolutamente nada que sea eterno. Todo es
impermanente porque todo está en continuo cambio o transformación. Solo hay que
aplicar la primera ley de la termodinámica que dice: “La energía ni se crea ni
se destruye solo se transforma”. El universo es impermanente, nosotros somos
impermanentes. Una forma de meditar sobre la Impermanencia es visualizar una
flor en todo su ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. La flor se abre,
nos muestra sus pétalos, su fragancia y toda su belleza. Pero con el paso de
los días los pétalos se marchitan, la fragancia se pierde y la flor poco a poco
muere. Sus pétalos están por el suelo descomponiéndose ya no queda nada de esa
bella flor. Este hecho nos apena. Un budista sabe que no hay que aferrarse a la
flor porque esta es impermanente, lo cual no quiere decir que un practicante
budista no disfrute al ver la flor. Simplemente que ve más allá de la flor.
Sabe que está un ciclo de cambio y es capaz de ver sus futuras manifestaciones
antes de que estas sucedan. Medita así sobre la flor y después aplica esa
visión a ti mismo. A cada segundo nos marchitamos y estamos más cerca de la
muerte, del gran cambio, de la transformación. No te aferres a la vida. Acepta
la Impermanencia y no volverás a tener miedo al cambio ni a la muerte. Esta práctica
la completare en otro post con la meditación de las “Cinco rememoraciones de Buda
sobre la Impermanencia”
En el decimocuarto ejercicio hablamos de la desaparición del deseo. El
deseo de lograr objetivos, metas, posesiones o títulos. No me mal interpretéis.
Tener objetos, títulos y dinero está bien. Lo que no está bien es aferrarse a
la idea de que tu felicidad depende de que tengas un buen coche o un doctorado.
Esto es así porque muchas veces nos marcamos objetivos y metas tan altos que si
no llegamos nos deprimimos. Eso es un tipo de sufrimiento. No te dejes llevar
por los estándares de la sociedad o la presión de tu familia. Se feliz con lo
que tienes y trabaja para conseguir tus objetivos, pero siempre con la mente
clara. No pasa nada si no llegas a alcanzar todas tus metas. La vida es
maravillosa tal como es. Vívela como a ti te plazca y no te dejes atrapar por
tus deseos. ¿Que no te gusta tu casa pero no puedes comprar otra? Haz de tu
casa tu hogar todo lo que necesitas para ser feliz ya lo tienes. No depende de
tus muebles o tu casa. Está todo en tu mente. Sal a la vida y disfruta lo que
te presente.
En el decimoquinto ejercicio nos desprendemos de las ideas erróneas
que tenemos acerca de todo cuanto existe. Nos desprendemos de la visión dual. Nos
desprendemos de nuestro deseo de poseer. De nuestro aferramiento a las cosas
materiales o inmateriales. Dejamos de creer que poseemos un yo eterno y
separado del universo. Dejamos de creer que somos permanentes.
En el decimosexto ejercicio se nos brinda la oportunidad para abrirnos
a la realidad, a la auténtica realidad. Disolvemos las barreras y expandimos
nuestra conciencia más allá de nuestro cuerpo físico y nos abrimos al mundo
ilimitado de la verdadera mente. Somos el universo entero. No podemos separarnos
del mundo. Nosotros estamos en el mundo y el mundo está en nosotros, todo
existe de forma simultánea y esta interconectado. En este punto dejamos de
identificarnos con nuestro cuerpo físico, con nuestras emociones, pensamientos…
dejamos ser nosotros para convertirnos en el universo. En una mente que lo
abarca todo con su plena consciencia nos abrimos a nuestra esencia divina o energía
universal. Despertamos a la realidad más alta, despertamos del sueño en el que estábamos
sumidos.
Cultivando y trabajando estos ejercicios cultivamos los Fundamentos de
la Atención que como ya sabemos son: El cuerpo, las sensaciones, la mente y los
objetos de la mente. Esto conduce al afloramiento de los Siete Factores del
Despertar. ¿Cómo? Si eres capaz de permanecer atento y sin distracciones al tu
cuerpo, sus sensaciones, tu mente y lo que pasa en tu mente nace en ti el
primer factor del despertar, la atención. Cuando tienes el factor de la atención
es fácil ir al segundo que es el de investigar los Dharmas. Investigar es, por
ejemplo notar que viene una emoción y sin dejarte llevar por ella la contemplas
y te preguntas de donde viene, o como ha surgido, la investigar para llegar a
su raíz. Es capacidad de investigar te lleva al tercer factor del despertar que
es la energía. La energía de la práctica. Cuando la practica tiene energía y te
da energía poco a poco eso te lleva al cuarto factor que es la alegría, saber
que la práctica es bueno alimenta la alegría que alimenta la energía con lo
cual te lleva al quinto factor que es la pacificación interior. Cuando hay paz
interior nace el sexto factor que es la concentración. Sin paz interior no hay concentración.
Cuando logras una atención, una paz y concentración sostenida dejas de
comparar, dejas de desear alcanzar nada, en ese punto de no objetivo nacerá el séptimo
factor, el de la Ecuanimidad (Desapego). En resumen estos son los Siete
Factores de Despertar: Atención, Investigar los Dharmas, Energía, Alegría, Paz
interior, Concentración y Desapego o Ecuanimidad. En función de la escuela o tradición
algunos nombres varían, yo sigo las enseñanzas de la escuela Mahayana aunque
suelo utilizar los nombres de otras escuelas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario